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Simone Baeza: "La pobreza y la necesidad extrema son las cosas que más hacen retorcer el corazón".

Actualizado: 12 de mar de 2019

El 2013 decidió tomar sus cosas e ir a hacer un voluntariado a África. Estuvo un poco más de un año allá haciendo labores ligadas a la carrera que había estudiado en Chile, trabajo social. A seis años de esa experiencia, Simone Baeza aún guarda en su corazón la experiencia que hoy la ha llevado a crear su propio proyecto: Ekhaya.


Por Catalina Rolle


Simone Baeza estudió Trabajo Social en la Universidad Católica movida por fines sociales. Siempre tuvo la idea de ayudar de alguna forma a la sociedad, y de devolver el éxito que ha logrado tener con su familia.


Esto mismo la ha llevado a participar en diferentes proyectos a lo largo de vida, como viajar a Zambia para hacer un voluntariado, trabajar en Yo Migro Salud, -una iniciativa que pretende facilitar y establecer herramientas comunicacionales entre pacientes que no hablen español y el equipo médico que sí lo hablan- y en su propio proyecto: Ekhaya.


Aprendizaje y amor


Cuando era niña, su sueño era conocer África. Muchos años después, en el 2013, Simone logró su anhelo: armó sus maletas y fue a hacer un voluntariado a ese continente. En un principio el destino fue Zambia, pero por distintos motivos, decidió separarse del equipo e ir por su propia cuenta a Eswatini, un país que se encuentra bajo una monarquía absoluta.


Estando allá pudo conocer otra realidad, una a la que jamás se había enfrentado antes. En ese país hizo trabajos con niños en extrema vulnerabilidad en situación de calle, muchas veces huérfanos. Hechos como ver la muerte de un joven de 18 años a causa de una enfermedad de transmisión sexual, o que los niños asistieran al jardín para poder tener solo una comida al día, marcaron su estadía.


Simone se encontró con un panorama de gran desigualdad social, las necesidades básicas eran mucho mayores que en otros países. Esto la conmovió: “Creo que la pobreza, el machismo, la necesidad extrema son las cosas que más hacen retorcer el corazón.”, relata la joven.


A pesar de los momentos difíciles y de la desigualdad que le tocó presenciar estando en Eswatini, también tuvo momentos en los que aprendió muchas cosas que solamente una experiencia de este tipo podría enseñar: conoció otras culturas, y pudo entregar mucho a quienes tenían necesidades grandes.


Tras haber vivido diferentes emociones, Simone resume su experiencia en África como aprendizaje y amor: “mi mejor recuerdo es sentirme muy a gusto allá, el sentirme como en casa. El alma africana es muy parecida al alma latinoamericana.”, señala.



Ekhaya


En siSwati, el idioma de Eswatini, ekhaya significa hogar. Este es el nombre del proyecto que hoy en día Simone está sacando a flote: una iniciativa que busca conocer las diferentes culturas e historias a través de la gastronomía.


Crear Ekhaya desde los inicios fue un proceso difícil para ella. Sumado a las dificultades burocráticas que conlleva adjudicarse un fondo de financiamiento, también nacieron otras complicaciones que se originan desde la propia persona: “siempre a las mujeres se nos dice tú no vas a ser capaz, y finalmente nos damos cuenta que sí sabemos, pero el proceso para darse cuenta de eso es el más complicado”.


La gastronomía puede contar historias, así lo asegura Simone: “creo que es la herramienta principal de unión entre culturas, en una familia, entre amigos, etc. Siempre la reunión se genera en una en la cocina o alrededor de una mesa”. A través de sus platos de comida, quienes participen de esta iniciativa tendrán la oportunidad de contar sus historias y tradiciones, sin importar su origen.


Sin embargo, Ekhaya cuenta con una particularidad: trabaja solamente con mujeres. Principalmente, cuenta Simone, porque son ellas quienes siempre son más discriminadas, las que sufren mayores prejuicios, están más condicionadas a ciertas tareas y porque el futuro es femenino.


Actualmente, el proyecto se encuentra en su fase de difusión en la comuna de Quilicura, lugar en donde se está trabajando en conjunto con la municipalidad de ese lugar para fortalecer el trabajo. Posterior a esta etapa, se seleccionarán alrededor de 20 mujeres que recibirán trabajo de capacitación en habilidades blandas y en gastronomía y hospitalidad.


Si bien en esta primera fase se va a formar a 20 mujeres, la idea para un futuro es que se forme una cooperativa en Quilicura. Además, Simone busca que la iniciativa se pueda llevar a otras comunas, y extenderlo a mujeres que hayan cumplido una condena y tenga que reinsertarse, personas en situación de calle y jóvenes con algún tipo de discapacidad.

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