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No se viene a sobrevivir, sino a evolucionar

“Cuando llegué, empecé a trabajar en un spa. Y del spa, pasé a trabajar en una clínica podológica. Y ahí de la clínica podológica empecé a trabajar de peluquera. Y de peluquera a vendedora, en un call center. Y de ahí pasé al Ministerio de Salud, y allí renuncié para participar en la Asociación Inmigrante Feliz. Y eso ha sido, durante estos tres años”.


Ridmar Morales llegó a Santiago en 2015, luego de leerse entero el foro de un grupo en Facebook llamado Profesionales en Chile. En Venezuela, había estudiado Ciencias Políticas con mención en Politología, y aunque ya conocía Chile como turista, esta vez venía a quedarse.


Dejó Barquisimeto, en el estado de Lara al norte de Venezuela, con la idea de probar suerte y ver cómo se desarrollaban las cosas. Ahora, como directora ejecutiva de la Asociación Inmigrante Feliz, aporta en la inserción de sus compatriotas en la sociedad chilena.




Duelo y resiliencia


Entre las actividades que realiza la Asociación Inmigrante Feliz, está el Acompañamiento Psicoemocional a la Población Migrante Internacional. Este programa de cuatro sesiones, ofrecido en el CESFAM (Centro de salud familiar) de Copiapó 1323, pretende apoyar a los migrantes en los distintos problemas emocionales que puedan pasar. En ese sentido, los talleres se hacen alrededor de tres ejes: el duelo migratorio, el manejo de emociones y la resiliencia. Y es que el trabajo de insertarse en una nueva sociedad tiende a ser desgastante emocionalmente.


“Aunque escojamos un país que habla español, las dinámicas son diferentes: se trata de una sociedad más cerrada, está más segmentada, están más divididas las clases. En cambio, el país de donde vienen, que es Venezuela, no es así. También hay divisiones de clase en Venezuela, pero no son tan marcadas como acá”, comenta Ridmar.

En ese sentido, el clasismo de la sociedad chilena se refleja hasta en las cosas más simples, como en la confección de un curriculum vitae. “La comuna en la que uno vive influye más en si a uno lo llaman o no. A uno le dicen que ponga Providencia, o Ñuñoa, porque si uno pone alguna comuna de periferia es más difícil que lo llamen”.


Detalles como esos no los manejan las personas que viene recién llegando al país. “El que llega, empieza a enviar su curriculum, que trae de Venezuela, y lo postula a cada uno de los portales que hay. Y no hay llamados, y empieza la frustración”, afirma Ridmar, indicando que es en esos casos donde empiezan parte de los cuadros de depresión entre migrantes. Y que, en ese tipo de cosas, el taller de Acompañamiento Psicoemocional resulta sumamente útil, no

solo como tratamiento personal sino como experiencia grupal.


Profesionales al sistema público


Otras actividades de la asociación son los talleres temáticos, y entre ellos han tomado mucha importancia los relacionados a la revalidación de los títulos obtenidos en el extranjero. Ya han hecho taller sobre revalidación en general, pero ahora van a dividirlos por especificidad, dado que, para trabajar en el sistema público como médico, por ejemplo, hay que pasar el Eunacom (Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina).


“A lo que apunta la asociación es a brindar un apoyo para que puedan estudiar durante dos meses, para presentar el Eunacom. Vamos a empezar a hacer los cursos ahorita en septiembre, va a ser todos los sábados, en miras de terminar en noviembre”. El taller va a ser teórico, en miras de que después los postulantes gestionen la mitad práctica del examen.


Así mismo, se están organizando talleres para profesores e ingenieros migrantes, dado que estas dos profesiones también exigen un examen único en caso de querer trabajar en el sistema público. “La propuesta de la asociación hacia el gobierno es esa: busquemos la reubicación de cada uno de los profesionales hacia donde se los necesite. ¿En dónde? En regiones, pero organizadamente”. Ese “organizadamente”, indica Ridmar, implica que los profesionales tengan sus exámenes aprobados en Santiago antes de partir a regiones.


Para sacar del desconocimiento


La historia de la Asociación Inmigrante Feliz parte en 2017, cuando después de una conferencia donde fueron ciento treinta venezolanos. “Y a todos los que asistimos, nos dieron con esta idea de que, en realidad, cuando uno migra, no viene a sobrevivir, sino a evolucionar” recuerda Ridmar.


Fue en ese momento en que la Asociación se empieza a articular entre los que estuvieron en la conferencia, y que querían hacer un trabajo en pro del migrante que estaba por llegar. Pero la idea no era tener una organización de carácter asistencialista, sino que realizar un cambio más profundo en los beneficiados.


Ejemplo de eso son los talleres de Ley de Transparencia: cada vez que alguien hace un trámite en Extranjería, le otorgan un número de solicitud. El hecho es que, usualmente, obtener la información directamente por Extranjería implica mucho tiempo, y a veces los documentos no están en los plazos que se indican.


Ahí es cuando entra la Ley de Transparencia, dado que, gracias a ella, uno puede solicitar la información y recibirla por mail, aún antes de que esta sea entregada por Extranjería. Actualmente, la Asociación Inmigrante Feliz está instruyendo a migrantes para que aprendan a usar la Ley de Transparencia.


“La idea es que, como migrantes, autogestionemos nuestros procesos. Porque, probablemente yo, Ridmar, lo puedo hacer, pero me carga mucho más de trabajo, y es una responsabilidad de cada uno. Y aparte, es la única ley que no te exige tener un número de RUT”.

Es ese, indica Ridmar, el espíritu mismo de la asociación: no un trabajo asistencialista, sino de orientación, para sacar del desconocimiento con el que suelen llegar los migrantes. “Yo lo que digo, desde mi experiencia como migrante, es que no es fácil, pero hay que pasar el proceso. Sí se puede, pero necesito que ustedes mismos sepan hacia dónde quieren llegar”.

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